
Nadie pone en duda la tiranía de un dictador sangriento como Khadafi, ni apoyo la matanza contra su propio pueblo para seguir erigido en el poder y prendido de la teta que tanto lo enriqueció y beneficios le dio. Yo digo NO A LAS GUERRAS en cualquiera de sus facetas. Es el pueblo Libio quien tiene que resolver sus conflictos, echar camino a rodar y animarse a ser libres, abrazarse sin miedo a la tan ansiada democracia, que dentro de todo es la menos peor de los sistemas de gobierno, sin tener que recibir una “ayuda” para su liberación. Ayuda impuesta que llegó desde los aires a misilazo limpio. Bombardeos que llevaron más muertes, horror y destrucción a la castigada Libia. ¡Linda manera de ayudar!. Y yo pregunto, ¿para cuando la liberación al pueblo palestino? HIPÓCRITAS. Francia dio el puntapié inicial con un cañonazo aéreo, a ellos les siguieron los viejos piratas al servicio de la corona británica, los Tío Sam, la Alemania de Ángela Merkel, que de ángel tiene lo que el diablo tiene de santo, y a la cola la católica España, que viene de atrás recogiendo las migajas que las águilas dejan.
Con este nuevo conflicto orquestado con pitos, bombos y platillos por los grandes tiranos mundiales y héroes de pacotilla, aparte de sacar grandes réditos para sus enjutas economías, sirven también para probar los nuevos chiches bélicos, con aviones que se hacen nudos en los aires de tantas volteretas que dan. Hay que encontrar objetivos reales para probar las nuevas bombas inteligentes, que ya son tan listas que hasta suman, restan, multiplican y dividen. El Imperio necesita incesantemente de raros minerales para la construcción de sus satélites, celulares y bombas inteligentes. Los países a quienes invaden para una heroica liberación, siempre todo lo tienen.
Libia no era prioritaria para Washington, no estaba en sus planes, pero la más zorra entre los zorros, la Secretaria de Estado Hillary Clinton, convenció al timorato de Obama para que llevase a cabo la invasión. Esta es una operación para controlar a futuro los recursos naturales de Libia. No de manera inmediata. Detrás de las bambalinas ya maquillan al nuevo títere para Libia, y los cerebros del pentágono con sorprendente perspicacia dan rienda suelta al dedito travieso que tarde o temprano posará manchado de sangre sobre algún punto del globo, rico por cierto en recursos naturales y pobre muy pobre de gentes y libertades.
A ninguna nación del G-20 se le ocurrió orquestar una liberación en las tierras egipcias ataviadas de pirámides y reliquias de museo, en donde el ex dictador Mubarak, que al igual que en Libia (rica en petróleo y oleoductos, vaya casualidad) reprimió a la población a balazo limpio, sin que a los líderes mundiales se les mueva un pelo para ir en ayuda de los compungidos civiles que a grito pelado pedían ayuda a la comunidad internacional. Santa paciencia tuvieron con el Mubarak, triste y necesario títere a las órdenes del imperio. Ni una sola condena para él. Apenas un tibiecito tirón de orejas como para que el enojado mundo no levante mucho la voz. Están tramando lo mismo con Irán (rica en petróleo, gas natural, carbón, cromo, cobre, mineral de hierro, plomo, manganeso, cinc y sulfuro) tacuchándonos los sesos, ojos y oídos con la perversidad del nuevo Saddam Hussein, Ahmadineyad, el nuevo peligro mundial a los ojos del Imperio. La prensa miente a destajo, está asquerosamente manipulada y ya todo lo hace a uno dudar. A nadie se le ocurrió invadir Egipto, un país lleno de momias y arena, pero los vampiros no comen vidrio, paradójicamente viven de la sangre que derraman, de las tierras que chupan, y del petróleo que absorben con sus afiladísimos colmillos, que siempre están listos para clavarse en quien haya tenido la desgracia de haber nacido con el tan codiciado oro negro, bendito elixir que todo lo puede y que es rey entre los reyes quien lo retiene.












